LXXXVII

Ríete y goza, querida,
satisfecha de tu obra.
Puede ser que tu sonrisa
algo de tormento esconda.
Ríe, ríe, mientras puedas.
¡Puedes estar orgullosa..!
Pero un día, acaso, venga,
cuando se agosten las rosas,
que tu risa se convierta
en máscara dolorosa,
tu placer en el cruel llanto,
tu hermosura en la miseria...
¿No comprendes que deshoja
el tiempo todo el encanto,
que no siempre has de ser bella?

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