LXXV

Cuando todo haya huido,
que ya nadie
nuestro paso recuerde por la tierra,
puede ser que nos juzguen a los dos,
a ti, la bella musa,
y al mísero poeta.

Me tacharán de loco...
¡No me importa!
De ti, lo que dirán, no me interesa,
que una vez que la muerte haya librado
el alma de su túnica terrena,
en medio de las llamas del Infierno,
seguiré yo creyendo que eres buena.

Y al llegar el momento pavoroso
en que a Dios habremos de dar cuentas,
yo la culpa echaré sobre mis hombros,
penando por los dos justa condena.

 

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