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LXXIV
¡Si pudiera en mi pecho sofocar
la llama de tu amor..!
¡Si pudieran mis labios olvidar
de tus labios ardientes el calor..!
Sé que, acaso, las flores lucirán
su hermosura de nuevo en mi jardín,
que las aves de nuevo cantarán
y en mi pecho habrá ganas de vivir.
Pero sé que tu cuerpo nunca más
con mis manos febriles buscaré,
que tus senos airosos no han de dar
el calor que me dieron una vez...
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