LXXIII

Tú le diste a mi imagen nueva forma
con el mágico cincel de tu mirada,
mas luego, descontenta de tu obra,
la vida le negaste a aquella estatua.

Y el mármol quedó roto, abandonado,
con los ojos helados como antes;
mas hoya la piedra herida por tu mano
jamás podrá ya nunca modelarse.

 

 

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