LXXVI

Es mi orgullo de hombre,
¿no lo entiendes?,
quien no deja que dé yo el primer paso.
Ante ti yo humillé
mi altiva frente
y hoy te toca a ti verter el llanto.

Te perdono la ofensa,
mas comprende
que mi honor, inconsciente, has mancillado.
No temo a las palabras
de la gente,
mas mereces pagar por tus pecados.


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