LXXI

¡Cállate, que las palabras
nunca dicen la verdad!
Si con los labios me mientes,
no quiero escucharte más.

Callada, los ojos hablan
y los ojos no pueden engañar.
Si tus ojos hablaran, ¡cuántas cosas
me habrían de contar..!

 

 

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