LXX

Caerán las lluvias,
gemirán los vientos
otra vez sobre el Orbe con terror.
Las hojas volarán desde las ramas
y otra vez la semilla se hará flor.

Con su lento rodar
se irán los años,
llevándose la fuerza y el vigor;
se helarán las sonrisas en mis labios,
cansado latirá mi corazón.

Y aún entonces
que el tiempo habrá apagado
de los besos ardientes el calor,
en mi pecho de anciano ha de arder vivo
el recuerdo divino de tu amor.

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