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LXIX
Yo no sé si eso es cierto,
pero sé
que un amigo no miente por mentir.
Y su voz, al decirlo,
sonó triste,
lamentando de veras mi sufrir.
Han tenido que dar luz a mi frente
que dormía en el sueño de tu amor.
Ve qué pobre
tus ojos me han dejado:
¡Ya no sé qué es verdad ni qué es error!
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