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LXVIII
Dime, Dios, qué es verdad:
Si lo que pienso
o las tristes palabras que me han dicho.
Si es que es mala, Señor,
no digas nada,
que prefiero seguir pensando en ella
como el ángel que un día contemplara,
en silencio devoto ante la Virgen,
con destello inocente en la mirada.
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