VII

Tus ojos se clavaron en los míos,
la cálida palabra vio la luz,
las manos levantaron piadosas,
en su cariño, la forma de una cruz.

El ara fue el vacío que flotaba
cual nube somnolienta entre los dos.
La víctima ofrecida fue el encanto
que daba regio trono a nuestro amor.

El humo de la hoguera subió tenue,
perdiéndose su rastro en el azul.
Las rosas le envolvieron, de los cielos,
cubriendo su pureza el fino tul.


 

 

 

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