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VI
Dulce son que me atormenta,
tus palabras cuando dices.
Brota el rayo desde el seno
y, floreciendo a la vida,
presta luz a quien no vive.
Refresco vital que lleva
el manantial cantarino:
Así son tus besos suaves,
siendo el brocal esos labios
jugosos, de coral fino.
Elixir que salva al mundo
las caricias de tus manos,
guedejas de nubes blancas
que flotan en el vacío
como el agua en el remanso.
¡Y eres tú mi roja sangre!
¡Y eres tú mi vivo aliento!
Pues miro desde tus ojos,
con tus palabras hablando
y con tu llanto sufriendo.
¡Quién fuese materia leve
que volara por los aires
y así, errando, yo llegase
a recorrer los senderos
de tu mente impenetrable!
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