LXVI

Ven, ˇoh, tú!, compańera de mi vida
a yacer en mi lecho de una vez.
Deja a un lado los necios protocolos
y en tu seno profundo ocúltame.

Ven, tú, Muerte, que vas tras de mis pasos,
como el fiero mastín va tras la oveja
esperando que salga del rebańo.
Ven, ˇoh, tú!, remedio de mis quejas.

 

 

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