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LXV
Si tu llanto regase mi sepulcro
como el agua fecunda la cosecha,
desde el seno profundo en que me encuentre
una flor surgirá sobre la tierra.
Esa flor será el alma que en descanso
ha logrado por fin yacer serena.
Córtala y en tu pecho tenla siempre,
que al volcán de tus senos se estremezca.
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