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LXIV
Como un cruce del camino
a dos viajeros separa,
yendo el uno hacia la vida
y el otro... hacia donde vaya,
así son nuestros destinos
que, en la glorieta del alma,
se apartan uno del otro.
Tú vas al Cielo y la Dicha,
yo voy para la Desgracia.
Tus ojos miran delante,
los míos... no miran nada;
tu voz canta la alegría...
La mía, la pena amarga.
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