L

La triste luz brillaba
ante el oscuro altar,
cubriendo con sus rayos temerosos
las sombras del lugar.

Mi voz clamaba oculta
tras gótico pilar,
con dejes de ambición y de alegría:
- ¿A quién alumbrará?

Viniste con tus ojos
y fue entonces
cuando mi mente terrena comprendió
que el aceite quemado por la llama
alumbraba a Dios.


 

A poema anterior            A Menú                    A poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1