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L
La triste luz brillaba
ante el oscuro altar,
cubriendo con sus rayos temerosos
las sombras del lugar.
Mi voz clamaba oculta
tras gótico pilar,
con dejes de ambición y de alegría:
- ¿A quién alumbrará?
Viniste con tus ojos
y fue entonces
cuando mi mente terrena comprendió
que el aceite quemado por la llama
alumbraba a Dios.
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