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XLIV
Como de un piano viejo
suenan las notas
ya tristes y vencidas
de dolor,
sin brillo que tuvieron,
sin acordes
ni mágicos encantos
de color...
Igual, mi lira tañe
silenciosa,
vencida de las penas
de la edad,
sin líricos misterios
ni belleza,
su cántico apagado
a una beldad.
Lo mismo que las teclas
amarillas,
sus cuerdas temblorosas
pulso yo
y un lúgubre sonido
se desliza,
recuerdo de aquel tiempo
que murió.
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