|
XLIII
¡Ángeles de crueldad, dejadme a solas!
¿No habéis ya divertido con mi pena?
Marcharos de mi lado, ¡os lo suplico!
¿No veis cómo mis ojos ya no queman?
¡Miradme, destrozado, sin aliento,
cansado de vivir y de penar!
¡Tenedle compasión siquiera a un muerto!
¿No veis que ya no puedo ni luchar?
A
poema anterior
A
Menú
A poema siguiente
|