XXXV

No sé yo qué me dice, tal vez sueñe,
que la vida me quiere para sí
y, aunque pasen los años arrastrando
a las Musas que hirieron mi vivir,
yo, triunfante, cual busto de granito,
he de quedarme aquí.

Y el día que me llamen a los cielos,
si acaso existe algo tras morir,
mil rostros conocidos a mirarme,
de los infiernos, gritando han de salir.
Y yo conoceré a todas mis Musas
perdidas en la Dicha del dolor;
algunas en la Dicha, no lo niego...
Pero, ¡tan pocas podrán mirar a Dios..!

No sé si en aquel juicio seré absuelto.
No sé si iré a los Cielos o al Horror.
Mas sé que tras mi sombra han de andar todas
aquellas que se unieron en mi amor.









 

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