XXXVI

Quisiera que el invierno marchitase
las flores de mi vida y de mi amor,
lo mismo que deshace con sus garras
los pétalos hermosos de una flor.

Que el viento me llevase allí a lo lejos,
donde mi mente descubra en su vagar
mil formas delicadas que no logro
con la palabra, tan mísera, captar.

¡Mas no, que no me lleva y aquí solo
me tengo que quedar!
¡Si el frío terminase ya su obra,
truncando mi volar..!

 

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