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XIX
Ya no habrá ni la dicha que soñara,
ya no habrá de la lágrima el dolor.
Sólo noche me envuelve, triste y negra,
sin aurora radiante ni perdón.
Y mi voz callará porque ya nunca
las plegarias de amor te cantaré.
Yo conozco, mi vida, que si marchas,
pesar y dolor me moriré.
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