XX

Cuando vayas al mundo
y en él rías
no recuerdes mis besos
que, quizás,
tras la imagen furtiva
de tu risa,
una lágrima ardiente
brotará.
Y si oyeses un grito
poderoso
y un gemido distante
de pesar,
seca el llanto, querida,
ríe alegre,
vuelve el rostro y no mires
hacia atrás.


 

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