Y de nuevo reinaron las tinieblas

Lloraba pensando en mí,
en mi vida y mis problemas.
Me encontraba sumergido
en una muy densa niebla.

Me debatía angustiado.
El alivio de mis penas
busqué en morir sin lograrlo
y proseguí la existencia.

Un manantial de luz pura,
brillante como una estrella,
vino a sacarme del caos.
Quise recoger su ofrenda.

Y mis manos se abrasaron
del calor de las de ella.
Me sacó del pozo en que me hallaba
ofreciéndome, al salir, un agua fresca.

Y después que, dichoso, no pensaba,
pues gozando tranquilo no se piensa,
me empujó, traicionera, a aquel abismo...
¡Y de nuevo reinaron las tinieblas!


 

 

 

 

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