|
Flor roja
Una flor roja de espinas
hallé un día paseando.
Admiré sus bellas hojas,
la finura de su tallo.
Aspiré su dulce aroma
que me dejó estupefacto
y gocé de su perfume
como nunca había gozado.
Pero espinas afiladas
en mi carne se clavaron.
Lancé un grito, cayó a tierra
la rosa. Y allí ha quedado.
¿Otro habrá que la recoja
nuevamente con sus manos?
Es posible... Cuando un día
mi sangre la haya limpiado.
A
poema anterior
A
Menú A
poema siguiente
|