Al Destino

Ya fueron transcurridos mis amores
con ángel de cabellos color rojo;
ya fueron apagadas las pasiones,
ya se calmara mi pecho del enojo.

De nuevo por la vida marché solo.
Tan solo fuera entonces como antaño.
Mi tez volviose dura, impenetrable,
mi gesto se tornó brusco y huraño.

De entre las brumas que mi pecho rodeaban,
entre el sonido de las risas juveniles,
izóse ante mis ojos luz inmensa,
ante mis ojos que la miraron, viles.

Y sin embargo, yo entonces fuera loco
pues dolorido por ella yo pensara
que al fin y al cabo mujeres erais todas
y, por lo tanto, también todas malvadas.

Y cuando al cabo en ti viera pureza,
¡ah, desdichado!, estabas ya muy lejos.
Y yo, desesperado, gemí entonces
y renegué del de los celos cruel consejo.

Y a impulsos de tu amor, amé de nuevo;
de nuevo la inquietud me arrebatase
la paz que ya en mi pecho se formaba,
¡la paz que ya en mi pecho jamás ha de formarse!

Mas mi destino amargo se presenta
pues este amor que busco no lo hallo
y aunque resisto y lucho con fe ciega
ya empieza a acometerme cruel desmayo.

Igual que la que quise, la que quiero,
las dos de mí se burlan con malicia.
¿Por qué, Destino, por qué, di, no consientes
que de su amor hermoso deguste las delicias?

¿Por qué, Destino, dime, por qué gimo?
¿Por qué con mis amores sufro y peno?
¿Por qué mi amor amargo me atormenta
haciéndome que beba, terrible, su veneno?

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