Nocturno

Te veo en la penumbra de la noche
envuelta entre los halos de la luna.
Diría que semejas una nube,
parece que contemplo a diosa alguna.

Tomarte entre mis manos
más tu te escapas y rápida te alejas
riendo alegremente tu malicia,
sin oído ninguno prestándole a mis quejas.

Tus risas, por irónicas, me hieren;
tu cuerpo, por hermoso, me seduce.
Este dilema complicado me atormenta
mas mis deseos a tu lado me conducen.

La noche te rodea, protectora,
tras las murallas de negro impenetrable.
Oculta entre la vida de las sombras
ocultas tus encantos celestiales.

No dejas que me acerque en esta angustia,
tampoco de tu lado marchar puedo.
Entre estos dos impulsos que se oponen
mi corazón se rasga y así muero.

Tu capa al aire flota y me obsesiona
pues veo en ella sudarios infernales,
que aunque tu aspecto el presupone
son tus ideas cual negros funerales.

Parece que me llamas y te burlas.
Cuando me acerco con aire esperanzado
te desvaneces de mis brazos amorosos,
mientras yo quedo a los espacios abrazado.

Me vuelves a llamar y yo recelo
mas tú, amorosa, los brazos a mí extiendes
y yo de incauto cometo gran pecado:
De la esperanza la llama se me enciende.

Mas de repente te vuelves a alejar
dejándome de nuevo sorprendido
y cuando al fin despierto y me doy cuenta
ignoro ya por qué lugar te has ido.

¿Por qué castigas de esta forma mi cariño?
¿Por qué no dejas que al fin amarte pueda?
Permite que te ame para siempre,
que no tenga que pasar por esta prueba.

No seas, ¡ay!, fantasma, mi verdugo,
no me atormentes porque sin ti no viviré.
Si oculta entre las sombras no me escuchas,
las gotas cristalinas caerán desde mi tez.

Vete de mí, fantasma, y tráeme a ella
para que pueda ser al fin su dueño.
Que de sus labios reciba los amores
igual que recibía sus heridas en mis sueños.

 

 

 

 

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