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Primer amor
Pasa el tiempo y no la veo.
La llama va menguando del querer...
¿Por qué, si todavía yo la quiero,
tan sólo me responde su desdén?
Mi amor agonizante la reclama,
de fuego se desata la pasión,
mi alma se condena en la vil llama
del Hades tenebroso, sufriendo su calor.
Sin ella ya perdida está mi alma.
Sin su cariño de pena moriré.
Mas si ella vuelve, consigo trae la calma
y yo en mis versos su virtud ensalzaré.
Tal vez que ignore mi presencia
viviendo sumergida en un querer,
siguiendo errada en la creencia
que mi cariño sólo un pasatiempo fue.
Al escuchar aquella voz dulce, querida,
diciéndome palabras lacerantes
desgarrárame el pecho en honda herida
quien me hiciera feliz momentos antes.
Pero el amor perdona las ofensas
que causa el ser amado sin notar
que el alma se estremece en niebla densa
y que muero por no poderla amar.
Vagaba mi alma solitaria
por los caminos de la vida errando,
sin encontrar la paz en parte alguna,
del amor los placeres degustando.
Vagaba pesaroso por el mundo
y consumía mi cuerpo en el pecado
sin encontrar satisfacción después del vicio.
Pensando en ello, sentíame asqueado.
Así pasaba el tiempo lentamente
sin vislumbrar finalidad de mi existir
y, no encontrando razón a mi existencia,
creí sacar alivio del morir.
Cual rayo penetrante de luz blanca
alumbra la existencia del mortal,
mi alma llenóse de alborozo
al verse en tu presencia angelical.
Un bálsamo de vida, milagroso,
fue tu amistad gentil para mi ser
y al poco de haberte conocido
de veras que aprendí lo que es querer.
Idilios juveniles en forma de capricho
llegaron a mi alma en vez primera;
marchando de su lado dejé a otras,
buscando en ti la dicha verdadera.
Mi amor contemplativo me quemaba.
De día en día crecía enormemente
y, en alas del deseo de ilusiones,
ideas felices venían a mi mente.
Deseos de placeres me asaltaban.
La carne me atacaba con furor.
Mas yo animoso rechazaba
su ataque impetuoso con valor.
Yo no buscaba placeres sensuales
ni ambicionaba tu juventud robar;
si me mostré violento, yo te pido
que me perdones si sabes perdonar.
Cuando a tu lado estaba no sentía
de amores perniciosos interés.
Que alguna vez me inquietarías
ni pude imaginarlo ni soñé.
Más el amor, voluble como el humo,
predestinó que fueras mi consuelo
y al ensartar mi pecho con sus dardos
que hoy pueda decirte que te quiero.
Mas tú, orgullosa, me rechazas
y me abandonas desolado, sin saber
que por tu amor yo me moría,
que por tu amor yo habré de fenecer.
Si sabes que te quiero, ¿por qué dejas
que me sumerja en el abismo aterrador
de la locura, del llanto y del pecado,
pudiendo tú evitarme este dolor.
Las circunstancias nos alejan implacables
pues tú no quieres orillarlas ni intentar
abrir de nuevo los caminos
y que mi amor a ti pueda llegar.
¡Pero no digas que no sabes que te quiero!
Di más bien que no quieres que yo sepa
que en el fondo de tu alma tú me quieres,
mas tu orgullo confesarlo no te deja.
Pues no me alejo tan fácil de tu vida
y si hoy no vuelvo, un día volveré.
Acaso entonces pienses de otra forma
al observarme en todo mi poder.
Y cuando torne, si amores has con otro
mis ilusiones truncadas se verán,
mas la desdicha no habrá de poseerme
pues tu recuerdo de mí la alejará.
Cuando triunfante me veas por la vida
has de llorar, pensando en el desdén
conque me hablabas y no osarás mirarme...
Mas yo, amoroso, tus ojos miraré.
Y arrepentida, de mí querrás marchar
por miedo a que me vengue crudamente.
y yo, clemente, venciendo mis recuerdos
te habré de perdonar sinceramente.
Mas todos estos son sólo sueños vanos
que vuelan como el humo y desvanecen,
que puede que algún día se me cumplan
mas hoy, lejanos todavía me parecen.
Hoy pienso solamente en que te amo,
en que te adoro y tú no me contestas.
Y peno y sufro porque tu amor me quema el alma,
porque te llamo y no escucho tu respuesta.
Para olvidar la pena, disimulo
y con desgana me sumerjo en la apatía.
Yo me entristezco delante de la risa
y hasta las mismas distracciones ya me hastían.
Pero ni así pierdo las ilusiones
ni me resigno a que con otros vayas,
porque si finges aún que no me quieres
seguro estoy que me querrás mañana.
Y así, mientras me ignoras, yo trabajo,
soñando grandes cosas con euforia.
Porque seguro estoy de que algún día
habré de conseguir la gran victoria.
A
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