Cante
este día mi pecho
la canción de los valientes
que defendiendo el derecho
de su Patria fueron fuertes,
esgrimiendo solas manos
frente a los francos soldados
de armaduras relucientes
y de sables afilados.
Fuera en la Plaza de Oriente,
fuera en la Puerta del Sol,
la multitud de jinetes
por todas partes cayó
sobre la inerme mesnada
y ante picas apuntadas
tan sólo se combatió
con navajas toledanas.
Espigados granaderos
hollar nuestros patrios lares
sin conocerlos quisieron,
colocando en los altares
sus banderas tricolores,
mas los patrios luchadores,
combatiendo, les hicieron
lamentar estos errores.
¡Deme palabras la Musa
para ensalzar esta orgía
que de manera difusa
contempla la mente mía!
Allí contemplo un caballo
acometiendo cual rayo
para vengar de Pavía
el desgraciado desmayo.
Allí la lanza atraviesa
de un manolo las entrañas.
Acá los gabachos besan
con sus carnes las guadañas.
Los desbocados franceses
son tantos como las mieses.
No ha de quedar en España
español que no atraviesen. |
Tras
de desigual combate
los madrileños se rinden
y que presto se les mate
es la tregua que consiguen.
A la Moncloa les llevan
y en sus personas se ceban.
A las balas que reciben
de sangre la España riegan.
Son sus vidas apagadas
por la terrible descarga
y ante la fiereza gala
sus corazones se rasgan.
¡En mala hora, malhaya,
os lanzasteis a batalla,
bajo el fuego de bombarda
y la lluvia de metralla!
¡Flor y nata de la Iberia
que por España caíste,
por los españoles media
que quedamos acá tristes!
Pues que si España es valiente,
no se diga, ¡no! que miente
aquel español que insiste
que de piedad es la fuente.
Y si bien morir supisteis
ayudad a los que quedan,
que lo mismo que vivisteis
también vivir ellos puedan
y si necesario fuese
que España se defendiese,
de nuevo morir sin pena
sepa a manos de quien fuese. |