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La Poesía
La Poesía, según Bécquer, fuera dama
de labios rojos cual corales inquietantes
que al vate le inspiraban pensamientos
y con su fuego iluminaban su semblante.
Mas la mujer tan sólo es al fin polvo
que, si bien cierto, amores nos ofrece,
cuando ya ancianas son sólo negras sombras
que sus amores nos cobrarán con creces.
En cambio, Poesía nunca muere.
Por siempre será joven y preciosa.
Sus labios a los vates alimentan
de esas palabras que escriben en las hojas.
Tan sólo no hay palabras para Ella
pues es un halo que vuela cual las aves
y, como tal, no puede comprehenderse
por nuestras mentes que son tan materiales.
Efluvio misterioso que brota de las almas
que elige, Musa hermosa, de todos los mortales,
a quienes da cariño, amores y desdenes
al tiempo que les brinda placeres sensuales.
Hermoso sentimiento que brota de la vida.
De vida de placeres, de fiestas y de orgías,
de vida de ermitaño de duras penitencias,
de vida de los hombres... Se llama Poesía.
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