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Hoy...
¡Ah, tierna mirada que la madre triste
al hijo que muere con duelo le lanza!
¡Gemidos y llanto que lanza este duelo,
en el que lloroso mi amor hoy descansa!
Suspiros huidizos de amor, fantasmales,
que heridos, mis labios, ligeros hoy hablan,
tan sólo son modo de cuánto te quiero
decirlo mi pecho sin vanas palabras.
Cariño divino que yo profesara
a un ángel de rojos cabellos, cual seda.
Amor que mi pecho sintió en otro tiempo
del cual ya tan sólo cenizas hoy quedan.
Amor que mi pecho por ti ayer sintiera,
de tiernos abrazos, de cálidos besos.
Furor que yo siento que quema mi entraña
en cálidas llamas de cálido fuego.
Ayer tú me amaste con dulce cariño
y yo que te amaba viví muy dichoso;
mas hoy ya no vivo de no verte cerca,
pues hoy no contemplo tus cabellos rojos.
Y cuando me dices que ya me detestas
mientras con los otros de amor los placeres
consumes, ingrata, no piensas acaso
que mientras tú ríes mi espíritu hoy muere.
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