Cuatro poemas de antaño (10 de abril de 1961)

I

Don Quijote

Que fuiste loco es verdad,
pero con gran corazón;
no conociste jamás
la derrota ni el terror.

No desdeñaste pelea
y con la lanza en el ristre,
en nombre de Dulcinea,
en la pelea venciste.

El pobre de Rocinante,
flaco y de duras caderas,
a ti, infeliz caminante,
ayudó de gran manera.

También ayudóte bien
Sancho, tu fiel escudero,
que comiendo era por cien
y guerreando por cero.

La muerte quiso acabar
con tu gloria de guerrero,
mas tus hazañas sin par
sabrán siglos venideros.


II

Minero, eres...

... el que busca en esta tierra
de oro y plata los filones
que en las entrañas encierra.
Quien pica por ilusiones
y bajo masas de piedra
encuentra vastos millones.

Quien saca tierra con brío
en las arenas candentes,
en las orillas del río
saca oro refulgente
y en el picacho perdido
quien saca el platino en fuentes.

Quien continúa adelante
aún en contra de su sino
y en el mundo, caminante,
encuentra raudo el camino
de un gran filón de diamantes
y las tierras de olivino.

Quien quema su juventud
trabajando con vigor
y llega a la senectud
sin descubrir un filón...

 

 

III

La Madre

 

De una madre es el dolor
de gran poder lacerante;
la Madre del Redentor
lo recibió caminante.

Quien dióle tiernos abrazos
véle ahora atormentado
y los clavos a mazazos
clavados por los soldados.

Y hacia los maderos mira
y sufre de gran manera
al ver al hijo que expira
en la rústica madera.

Es su llanto desolado
al contemplar la pasión
por los humanos pecados.
Y fervorosa oración
reza en un tono callado
con una gran emoción.

Al ver esto hay que llorar,
contemplando con fervor
y mirada de piedad
la Madre del Redentor.



IV

Dolor

El dolor filial que llora
ante el cadáver del padre
los recuerdos rememora
de las dichas de la madre.

Al salir con el entierro
los hijos, se queda sola
y no conoce en silencio
ni la casa en que ella mora.

¡Qué terrible es el dolor
cuando se pierde un amado!
Sólo queda el corazón
de dolor atormentado.

Recuerda aquella pasión,
cuando él la sonreía,
cómo siempre le juró
que su amor no moriría.


A poema anterior                                  A Menú                            A poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1