|
En el
Seminario
En la sombra de un claustro he concebido
de un cariño terreno las plegarias.
Y no siento vergüenza de así hacerlo,
ya que Dios ha querido que te amara.
Habrá quien esto lea y se haga cruces
pensando en que mis obras son profanas,
mas yo pienso que no hay nada más santo
que morirse abrasado en dulce llama.
Habrá quien me lo niegue, desgarrando
los hábitos que cubren su ruin alma.
¡Pensad, si sois capaces, que los hombres,
lo que Dios quiso unir no lo separan!
A
poema anterior
A
Menú
A poema siguiente
|