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He puesto
entre tus manos...
He puesto entre tus manos mi destino.
Dime, amor, ¿acaso troncharás
la espiga que se ofrece al sol naciente,
buscando con sus besos crecer más?
Descánsate un momento y piensa entonces
que al Señor, en su día, has de llegar,
juzgándote los actos que sí hiciste
y también los que no llegaste a obrar.
Si has deshecho una vida, eres culpable
por negarle el hálito vital.
Si has amado, prestándome la sangre,
el Señor recompensa te dará.
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