Esas palabras de amor que tú me envías,
que en su día para mí las escribieras,
me indican que me quieres todavía,
que todo ha de volver a ser cual era.
Que si un día yo tuve una aventura,
en busca de un galante devaneo,
yo sé que lo tomaste por locura,
que entendiste que sólo fue un deseo.
Y sé que volverás pronto a ser mía,
que tuyo volveré a ser yo nuevamente.
Pues no puede la estupidez de un día
dar fin a lo que alumbra nuestras mentes.
Ese instante feliz que tu hermosura
me valga de solaz y de recreo
ha de volverme de nuevo a la cordura,
a esa calma feliz en que después me veo.
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