No quiero ni creerme lo que has dicho,
pues no creo, en verdad, que hables en serio.
Yo sé que tu cariño no es mentira,
que para mí en tu alma no hay misterios.
Te has desnudado ante mí, mas totalmente;
no sólo el cuerpo, el interior entero.
¿Vas a decirme ahora que es mentira,
que todo aquel cariño no es sincero?
¡No y mil veces no, te lo repito!
Es que aunque lo jures por tu hijo, no te creo.
Para ti esto no ha sido una aventura,
para ti esto no ha sido ningún juego.
A mí no me la das, que peino canas.
Ya no soy un incauto jovenzuelo.
¿Sabes lo que te ocurre, simplemente?
Que, a pesar de tu amor, me tienes miedo.
Porque dudas de mí, de mi conducta.
No te crees de verdad que yo te quiero
con toda mi persona, con el alma,
con un cariño serio y verdadero.
¡Despeja ya, mujer, todas tus dudas!
Yo sí pude jugar, no te lo niego.
Pero aquella aventura de un entonces
se ha convertido en un cariño loco y ciego.
Así que, pese a todo, en ti confío,
en que has de volver con tu amor tierno.
Y si no, yo sabré muy bien buscarte
aunque deba bajar hasta el Infierno.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|