Pasar la tarde sin tenerte cerca,
escuchando una música armoniosa,
pensando que tenerte entre mis brazos
es un sueño de mi cabeza loca.
Y sentir tu mirada retratándose
en mis ojos ansiosos de deseo.
Acariciar con mis manos, dulcemente,
poco a poco tu hermoso y gentil cuerpo.
Sumirme entre tus senos con sed viva,
besarlos con pasión, sentir tu aliento
bebiendo de mis labios, cariñosa,
suspiros de mis penas y lamentos.
¡Quién pudiera tenerte ahora a mi lado,
y poderte gozar como otros días!
Pero hay mucha distancia de por medio
que no puede salvar mi fantasía.
Habrá que conformarse, por lo visto.
Habremos de esperar ese momento
en que al alba, otra vez, vuelva a buscarte,
como fui una mañana, ya hace tiempo.
Me parece ayer mismo y, sin embargo,
han pasado ya meses desde aquello...
Nunca vi en unos ojos tal mirada,
preñada de mágicos destellos.
Y sé que los destellos, nuevamente,
volverán a lucir cuando me veas.
Mientras tanto, no tentaré la suerte.
A mi lado vendrás cuando Dios quiera.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|