Creo que ya no me quieres
porque no piensas en mí.
Tal vez es que fuiste un sueño
y dejé ya de dormir.

El despertar es funesto
si lo que pienso es verdad.
Tú, con los tuyos, tranquila.
Yo, en mi triste soledad.

¡Y yo que soñaba, iluso,
vivir siempre junto a ti..!
Más que sueño, es pesadilla
de la que surges febril.

Quiera el sueño recogerme
de nuevo, para olvidar
de que un día me quisiste.
¡Qué bien supiste engañar!

Fue un cúmulo de pasiones,
entonces, nuestro querer.
Tú estabas bien a mi lado.
Yo me hallaba en el Edén.

Y, al cabo, todo es mentira.
Fui juguete de tu amor.
Tú me entregaste tu cuerpo.
Yo te di mi corazón.

No me moriré de pena,
tranquila puedes estar.
Soy muy hombre para hacerlo,
mas no te podré olvidar.

Siempre tendré en mi memoria
aquel encuentro que, al alba,
sin conocernos siquiera,
se produjo una mañana.

Y parecías sincera.
Siempre lo recordaré.
¿Cómo pudo de tal modo
engañarme una mujer?

¡Yo que me tuve por listo,
por galán y burlador!
¡A tantas había engañado..!
¡Y bien me la diste, Dios..!

Porque me quedé prendado
en el instante de verte.
No fue, en verdad, el instinto,
no fue el ansia de tenerte.

Después, muy bien me trataste.
Demasiado, si me aprietas.
Yo no me merezco tanto,
pero te me diste entera.

O, al menos, eso creí yo,
porque ahora, ya despierto,
comienzo ya a sospechar
que nada en tu amor fue cierto.

Hoy me siento trasquilado,
pienso que fui un vil objeto
demasiado utilizado,
un capricho de tu cuerpo.

Dime que eso no es así.
Dime que estoy medio loco.
Que digo lo que no pienso,
mas pienso no me equivoco.

Ahora ya reluce el sol.
Esta mañana llovía.
¿Ves cómo llevo razón?
Sé que, sin duda, mentías.

Mas no me importa más nada.
Si en verdad fui tu juguete,
me alegro de haberlo sido.
Fui dichoso al conocerte.

Al disfrutar de tus besos,
del ardor de tus caricias.
Nada me importa lo hicieras
por amor o por lascivia.

El caso es haberte tenido.
¡Una más en mi carrera!
Lo peor es que ahora siento
que esta vez fui yo la presa.

Y es que el amor es así:
Tan sólo un amargo juego.
Pero yo bien sé perder,
como pierde un caballero.

Me utilizaste, sin duda.
En ésas tengo mi alma.
Mas, a pesar de pensarlo,
con gusto volviera al alba.

Y si quisieras jugar,
como pienso que has jugado,
no me importaría nada.
¡Vale más lo que me has dado!

Pues me diste la esperanza,
que daba por concluida.
Así que, si quieres, juega,
sigamos con la partida.

Sabes que soy jugador,
me encanta el licor y el juego.
Las mujeres, para un rato
y no recordarlas luego.

Así fue mi arte entonces.
El tuyo es más sibilino:
Sabes jugar bien las cartas,
y aturdir con rico vino.

Veremos quién gana pues,
si tu argucia o mi entereza.
Yo no me dejo timar
tan sólo por la belleza.

Para mí hay cosas que valen
mucho más que un rostro bello.
más que una hermosa mirada,
más que unos lindos cabellos.

Puedo marcarme un farol
con tan sólo un par de doses.
Incluso, sin llevar nada,
sé fingir que llevo póquer.

Ya veremos si me ganas.
Si es así, yo no me enfado.
Supiste llevarte al huerto
al burlador más burlado.

Mas no te sientas contenta,
que en esas partidas son,
al final, los ganadores
los que emplearon amor.

Que poco importan las cartas
si se trata de ganar.
Lo importante en esta vida
es saberlas emplear.

Y en eso valen lo mismo
los triunfos que las feas.
Todo ha de estar en función
de quién mejor jugador sea.



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