Esas pequeñas cosas,
insisto,
son las que en verdad importan:
Pagar la renta de la casa,
mientras distraigo al portero,
que se aburre cual las ostras.
Grabar de un vídeo a otro,
del sistema antiguo al nuevo,
viejas óperas.
Buscar entre aquellas cintas,
de la caja medio rota.
No encontrarlas y sentir
el alma que se acongoja.
Mas, ¡al fin! Ya está, ¡las tengo!
Y se ven bien, que es lo que importa.
Con un poquillo de nieve,
pero que apenas se nota.
Y crear el Villano, mientras tanto,
por si luego las Fiestas nos agotan
y no surge la Musa de mi mente,
que el champán los sentidos alborota.
Llovió sobre Madrid.
Se me mojó la ropa.
No sé si recogerla.
¿Y si luego el sol un poco asoma?
Tampoco tengo prisa,
ya secará sola.
Y esta tarde salir,
hacer algunas compras.
Todo el mundo en la calle,
mientras yo estoy a solas
esperando que llames,
que me mandes un beso,
escuchar tu voz ronca
del cansancio y del mal
que tu organismo azotan.
Aguardar que estés bien,
notar cómo mejoras.
Podernos ver pronto,
besar pronto tu boca.
¿Ves? Es que en verdad,
más allá del triunfo y la gloria,
lo que importa en la vida cotidiana
son "esas pequeñas cosas".
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