Me dices que quieres verme
pero no quieres que vaya.
¿Puedes decirme por qué?
No comprendo tus palabras.
Sé que me estás deseando,
que intranquila está tu alma
porque no estoy a tu lado.
¡Y no me dejas que vaya!
En verdad que no lo entiendo
porque, si tanto me amas,
lo lógico es que me vieras.
¡Y no me dejas que vaya!
¿Quién entiende a las mujeres?
Ni Dios creo que lo haga.
No me dejas ir a verte,
mientras te mueres de ganas.
¡Ay, niña de mis amores,
cabecita loca y vana!
Me dices que no me acerque
mientras te mueres de ansias.
Me sueñas todas las noches,
me sueñas por las mañanas,
estás rabiando de anhelo...
¡Y no me dejas que vaya!
Pues puede que llegue un día,
piénsalo bien y con calma,
que me llames deseosa
y entonces yo el que no vaya.
Que no te suene a ultimátum,
que no te suene a amenaza.
Es que el amor es un fuego
y el fuego termina en brasas.
Que aunque queden los rescoldos
se va apagando la llama.
Después se queda en cenizas
y tras las cenizas... nada.
No me seas pejiguera,
a ver si de una vez te aclaras.
Que se disipen tus dudas...
¡Y di de una vez que vaya!
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