- ¡Qué grande, grande amor! -. Hoy me lo han
dicho.
- Has de sentir por ella, según cuentas.-.
Lo ha dicho una mujer al leer lo escrito.
- Veo claro que en el alba sólo piensas.-.
Y es así, vida mía; es que las horas
no tienen para mí mayor sentido
que el irlas transcurriendo, aunque esté a solas,
esperando tu vuelta a nuestro nido.
Este nido de amor en que te espero,
donde aguardo brindarte mi cariño.
Este nido que un día fuera infierno
y en palacio de amor se ha convertido.
Esta vez no volverás al alba.
La tarde es quien será nuestro testigo.
Ya dije que de noche o de mañana,
que la hora no importa, da lo mismo.
Lo importante es que vuelvas a mi lado
para no marchar nunca de mi vera.
Y si el sino que marches ha marcado
lo que importa, de veras, es que vuelvas.
Hasta el día en que ya no partas nunca.
Ese día ha de llegar, espero.
Y si no ha de llegar, que abran la tumba,
que prefiero, a perderte, el estar dentro.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|