Hoy me siento de nuevo satisfecho
porque tu voz he escuchado cariñosa.
Me has despertado al alba, siempre al alba,
haciendo la mañana más hermosa.
Alegre me he alzado de la cama,
la niebla he contemplado, vaporosa,
alzarse de las calles, dando paso
al alba, siempre al alba, tan preciosa.
Porque al alba un día fui a buscarte,
¿recuerdas todavía? y, temerosa,
hasta mí te acercaste, sonriendo:
- Soy yo.-. Me musitaste, temblorosa.
Y en el alba ya siempre he de esperarte,
aunque vengas de noche, entre las sombras,
porque a mí siempre el alba me parece
cuando logro, feliz, besar tu boca.
Que aunque sea de noche, tarde o día,
jamás en el reloj miro la hora.
Para mí siempre es alba cuando pienso
en ti, en tu belleza, en tu persona.
Muy pronto ya he de verte y aún, de nuevo,
soñaré que es el alba y ansia loca
dominará mis miembros y, anhelante,
despojaré tu cuerpo de sus ropas.
Tardas mucho en venir, no me atormentes,
procura que esta espera sea muy corta.
Al alba iré a buscarte nuevamente,
o a la hora que sea, ¡no me importa!
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