Dijimos de compartir
las miserias y alegrías.
Te has llevado la peor parte,
sin quererlo, vida mía.
Pues, si la dicha fue inmensa,
ahora tú purgas las penas
de mi vivir desastroso,
de mi vida calavera.
Yo no pensé estar enfermo,
ni lo supuse siquiera.
Si llego a haberlo sabido,
coto a mis males pusiera.
Eso sería bastante
para romper tu cariño.
¡Y encima tú eres tan buena
que hasta te ríes conmigo!
¿Cómo pedirte perdón
si no quieres de ello hablarme?
¡Hoy mana mi corazón
rojas lágrimas de sangre!
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|