Este cariño, amada mía, es tan salvaje
que ya no está en nuestras manos controlarlo.
Podrá querer nuestra razón imponer orden
pero es más fuerte el deseo de encontrarnos.
No sé qué pensarás. Yo es que no vivo
soñando que te tengo entre mis brazos.
Lo mismo que te tuve hace unos días,
días que ahora me parecen casi años.
No sé cuál es el remedio a esta locura.
Quizás tú sí que sepas encontrarlo.
En tus manos lo dejo. Piensa pronto,
que tengo sed de nuevo de tus labios,
de sumergirme de nuevo en tu cintura,
de tomarte muy fuerte y abrazarnos.
¡Dios! No tenías que haber marchado nunca.
¿Por qué tuvo aquel tren que separarnos?
Maldigo del Destino, que me ha impuesto
esta dura condena que ha dejado
mi corazón ardiendo de deseo,
no pudiendo mi mente soportarlo.
¡Vuelve a mi lado pronto, vida mía!
Toma ese tren y vuela hacia mi lado.
Yo te espero frenético y alegre.
Ya sabes las caricias que te guardo.
Quiero volver a contemplar tus ojos,
quiero sentirme junto a ti tan relajado
como esos días felices que se fueron.
Vuelve deprisa. ¿Por qué tardas ya tanto?
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|