Mi cuerpo y mi alma se hallan llenos
de tu cariño y tu amor, mi linda montañesa.
Quisiera tener yo mil años más de vida
para, muy juntos, vivirlos en esta forma intensa.

Desearía ser joven y bien fuerte
para, potente, sumergirme muy dentro de tu seno,
conseguir que vibrases con más fuerza,
mantenerte sumida en un orgasmo eterno.

Porque si hoy que mi cuerpo ya está ajado,
roto y cansado de luchar en mil combates,
logro que gimas de forma permanente...
¡que no hubiera conseguido yo hacer antes!

Mas, a pesar de todo, estoy tranquilo
al ver cómo en mis brazos te estremeces.
Estaré ya cansado, viejo, enfermo,
pero aún soy capaz de muy dichosa hacerte.

¿Imaginas qué hubiera sucedido
si llegas a encontrarme siendo joven?
Hubiéramos tenido muchos años
para vivirlos en un inmenso goce.

Pero la vida es así y no hay que dar más vueltas.
Has llegado en el día necesario.
Estaba escrito en los designios del Destino.
Así que, lo que quede, habrá que aprovecharlo.

¡Y bien que lo aprovechas, vida mía,
que sabes transportarme hasta la Gloria!
No aquélla que no pudieron conseguir mis versos,
sino ésta, feliz, que sabe dar tu boca...



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