| Yo no sentía, y eso es muy bien cierto, la vida deambular en derredor. Me parecía, en verdad, que estaba muerto, no sentía ni frío ni calor. Acudía al trabajo como un zombi, charlaba con la gente sin ardor, no me sentía vivo. Sólo en sueños notaba que existía, que era yo. Bien sé que es arduo de explicar mi pensamiento, difícil de exponer esta razón. Con la palabra no logro describirlo. ¿Qué ocurriría dentro de este alma, por qué no me latía el corazón? Fui despertando del sueño lentamente. La vida vi vibrar alrededor, mas algo me faltaba. No sabía el qué y resultó ser el amor. Y un día apareciste, de repente. Nada más verte, yo supe que eras tú. Te saludé y me volvió la vida, sentí otra vez vibrar mi juventud. Y es que, aunque viejo, hoy siento como un niño, con todo su vigor y su salud. ¿Qué elixir raro vertiste en mi bebida? ¿Acaso el agua de tu mar azul? Pues sigue derramando a manos llenas, que ya en el sueño no quiero recaer. Quiero estar bien despierto para amarte, desde que alumbre el alba hasta el anochecer. Para después dormirme entre tus brazos, agotado de dicha y de placer. Despertarme sintiendo tus caricias y tus besos en el amanecer. Poseerte, repleto de energía, como posee un hombre a una mujer. Porque ya aquel espectro que yo era no volverá su rostro a presentar en tanto que sienta yo tus carnes temblar junto a las mías, de ansiedad. Quiero sentirme, sí, muy en tu adentro; todo tu cuerpo, sin miedo, escudriñar. Penetrarte y notar cómo te siento; en un orgasmo inmenso derramar dentro de ti, mientras que gimes loca, ese fluido mágico y vital. Esta pasión yo ya no la tenía, el sexo era un acto baladí. Mas ahora siento una pasión que es nueva. Y es nueva y juvenil gracias a ti. Quiero sentirte muy cerca muchos años, quiero estar dentro, muy dentro, de tu ser. Después puede venirme ya la muerte. Tal vez que juegue con ella al ajedrez. Si lleva a cabo su más grande apertura, yo una defensa tenaz he de oponer. Me ganará por vieja, no lo dudo, mas sabré yo oponerme a su vejez. Lo mismo la partida acaba en tablas. Entonces, el empate, ¿qué ha de ser? Nada. Tranquilo, yo cogeré tu mano y, con voz apacible, he de decir: - Ven. Y allí, en el otro mundo, seguiremos ardientes cultivando nuestro amor. Que transcurran los siglos lentamente. Quiero una Eternidad para los dos. |