No
quiero levantar tus suspicacias
diciéndote mil veces que te amo.
Yo entiendo que tu amor es más sincero.
El mío todavía está empezando.
¿No te valen mejor las carcajadas
que escuchas proferir a mi alma alegre
que si estuviera el día repitiendo:
- ¡Te amo, te amo! -. Machaconamente?
El amor no nace en sólo un día.
Te conoces y vas sintiendo algo
allá en lo más profundo de tu alma,
un sentimiento distinto a lo diario.
Surge el cariño y ya sí estás a gusto
hablando muy tranquilo a la persona amada.
¿Pero es amor aquello que se nota?
Vamos a darle más valor a esa palabra.
Ni a la pasión ni a reacción erótica
yo considero amor, querida mía.
Es sólo reacción de los sentidos
a impulsos, simplemente, de la química.
Una función, si quieres, fisiológica,
como el comer y otros menesteres.
El hombre es barro y el barro necesita
ser modelado despacio en los talleres.
El artesano más tarde le da forma
con sus manos expertas y ya hay vida
en aquello que ayer no era más nada.
Ya empieza a palpitar la simple arcilla.
Y así un día sentimos pena y llanto;
otras veces sentimos alegría
sin saber de qué nace. Sentimientos
que ayer en ese barro no existían.
Hasta que al fin reluce la sonrisa,
llenando de contento nuestras almas.
¿Es eso ya el amor? Espera un poco.
La semilla de él ya está sembrada.
El sol que la calienta cariñoso
va transmitiéndole sin pausa su energía,
para que al cabo al fin brote de la tierra,
irguiéndose feraz el mejor día.
Y entonces sí es amor, porque ha nacido
de cariños, de roces y de impulsos,
de discusiones, de malos entendidos,
de todo aquello que mueve todo el mundo.
Si por amor matamos y morimos,
¿entiendes tú que sólo en un momento
pueda nacer de donde nada había
una pasión que alumbre el firmamento?
No, amada, no. Deja que el tiempo pase.
Que regando con mimo la semilla,
el jardín que ayer estuvo yermo
mañana ya será una maravilla.
Y entonces ya la risa esplendorosa
brotará de la voz y de los labios.
Entonces no podré guardar silencio,
diciendo en voz muy alta que te amo.
El día está cercano, ten paciencia.
La semilla ya casi está surgiendo.
De momento, ya ves, me dices algo
y al instante, sin causa, estoy riendo.
Mañana brotará ya, francamente,
la risa de mi labio entristecido.
Entonces ya sí piensa que te quiero
como nunca jamás haya querido.
Y en uno solo uniremos nuestros cuerpos,
del alma abarrotando las estancias
que se hallaban vacías. Y estaremos
unidos a pesar de la distancia.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|