Frente a tu mar bravío tú te explayas
lanzando carcajadas amorosas
en tanto que percibo en mis oídos
el ruido que al romper hacen las olas.

Sobre la arena tan blanca de tu playa
tus pies dejan sus huellas indelebles
igual que la han dejado tus palabras
sonando en mi interior francas y alegres.

Si algún día perdiera, vida mía,
ese rastro para poder seguirte,
prefiero que la vida se me extinga
que sentirme otra vez, de nuevo, triste.

Mas yo sé que no puedes engañarme.
Tus palabras son francas y sinceras.
No puede ese cariño ser tan falso
cuando tu risa es alegre y verdadera.

Así que aquí te espero, muy tranquilo.
Tan sólo de soñarte estoy que tiemblo,
esperando ese día que al fin lograré verte,
anhelando mi alma nuestro encuentro.

Será hermoso mirarme en tu mirada,
sentir acelerar los corazones.
Luego, los labios sonreirán alegres.
En realidad se tornarán las ilusiones.

Y alegres marcharemos por la vida,
de la mano cogidos para siempre.
No dejaré que nos separen las tormentas
que azotan ese mar bravío y agreste.

Algún día estaremos en el Juicio
en que juzgue el Señor nuestra conducta.
Al ver que nuestro amor fue tan sincero,
verás que comprensivo nos indulta.

Porque puede que acaso haya pecado
en nuestra relación secreta ante las gentes.
Pero Dios, que conoce ese cariño,
será un Juez bondadoso e indulgente.

Si en el mundo no fuimos comprendidos,
si nuestro amor no fue considerado,
en esa Eternidad que nos espera
podremos sin temor ya siempre amarnos.




 


Poema anterior  
                                Menú                         Poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1