¡Si
Dios es Grande! Si yo te lo había dicho.
Si no podía llevarte de mi lado.
Él quiso que ese día tú me hallases
para que nunca podamos separarnos.
Porque aunque muera, yo siempre estaré junto
de ti con mi presencia, con mis versos.
Esos versos que para ti yo he escrito
con toda la pasión del Universo.
Porque aunque Musas ya sabes que hubo otras
que los poemas antaño me inspirasen,
como mi montañesa nunca existió ninguna
que lograra sacar de mí tal Arte.
Yo no tendré dineros que ofrecerte,
ni vestidos ni joyas ni riquezas,
pero pueden, aún mas, engalanarte
esos versos que pare mi cabeza.
Ya sé que no precisa tu hermosura
mas adornos que los que Dios te ha dado,
pero deja que al mundo yo la cante
para envidia de propios y de extraños.
Y aunque en palabras pobres, definirte
es proeza muy propia de un coloso,
yo quiero a todo el Orbe difundirla
porque al hacerlo me siento muy dichoso.
Así que deja que broten mil poemas
de un corazón que late enamorado.
Lo que era Poesía yo ya supe
mas nunca como ahora, ante tus labios.
Que en otros besos yo supe componerla
mas siempre fue ligera como el viento.
Sentí, sí que es verdad, amor por otras,
pero nunca un cariño como siento.
¡Marchaos, espectros fantasmales
de amores sinuosos y de engaños!
Dejadme, por fin, vivir tranquilo
al lado de mi amada muchos años.
Que cuando quiera la Muerte reclamarme,
a su mejor antojo, irá mi alma
repleta de un bagaje de alegría,
como nunca en la vida yo soñara.
Y tú no quedes triste ni aún entonces
que de consuelo tendrás mis poesías.
Aquellas que por ti al mundo nacieron
entre dichas y besos y armonía.
Leyéndolas podrás entender cuánto
te he querido, mi amor, hasta la muerte.
Y más allá de ella, aún incluso,
porque habré de quererte eternamente.
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|