En
esta noche oscura y más para mi alma
a ti me agarro como si a un clavo ardiente fuera.
Me encuentro solo, perdida la esperanza
de una vida normal, como cualquiera lleva.
No sé si fui tan malo en el pasado
como este presente cruel se me presenta.
Sólo sé que di todo y por un vaso
que de más me bebí hoy me reniegan.
Tan sólo en ti confío y a ti apelo.
No me niegues el consolar mis penas.
Tal vez pude hacer daño a otras personas,
pero a ti no te lo haría aunque quisiera.
En unas horas vendrá de nuevo el alba.
En la calle duermen su borrachera
dos muchachos, como lo fui yo entonces.
Dormirán quizá hasta que amanezca.
Saldrán de su sopor e irán contentos.
Yo no sé quizás lo que me espera.
He roto las amarras que me ataban
a un pasado que mi alma tenía presa.
¿Habrá un amanecer nuevo y nuevos sueños?
Puede haberlo si tú te encuentras cerca.
En tus manos tú tienes mi esperanza.
El alivio, en tus besos, de mis penas.
Es que llegaste a tiempo, ¡vive Cristo!
Es como si algo en tu interior te lo dijera.
Como si hubiesen marcado tu objetivo,
cual si te hubieran dicho cuál era tu meta.
En ti confío, mas no te pido nada
pues tu deber te tiene prisionera
de un compromiso adquirido hace ya tiempo.
Sería mucho pedir que lo rompieras.
Pero quiero que sepas, amor mío,
una verdad que llevo en mi alma envuelta:
Yo lo di todo sin pedir a cambio nada
y sería muy justo que ahora lo exigiera.
No me refiero a ti, hablo de otros.
Que tú nada me debes y aún si lo debieras
perdonarte sabría, como a ellos
les perdona mi amor, aunque no quiera.
Ya ves que soy un tonto e ignorante,
ingenuo, mentecato o lo que sea.
Me traicionan y con amor les pago.
No les guardo rencor, aunque lo creas.
Que además de falaz, también soy noble.
Tal vez por eso, acaso me merezca
una poca de dicha entre tus brazos,
aunque luego resulte una quimera.
Ya viene amaneciendo, ya un borracho
ha rodado del banco hasta la acera.
No le despierta ni el sol que ya le alumbra.
¡Ojalá me despierte a mí tu estrella!
Poema anterior
Menú Poema
siguiente
|