Tu voz acariciaba ronca mis oídos,
de la pasión y el ansia poseída.
Mi cuerpo reaccionó ante su sonido.
Potente y juvenil surgió mi hombría.

Yo te dije: - No sigas, amor mío,
que con tus besos me estás enardeciendo.
Vas a lograr que dé lo mejor mío
y tú no vas a estar aquí para acogerlo.

Colgaste ya por fin y allí en la cama
di mil vueltas para lograr dormirme.
Inquieta mas feliz estaba el alma.
Mi corazón latió en el pecho otra vez firme.

Al despertarme sentí como tu boca
su efecto consiguió sobre mi cuerpo.
Recogí como pude aquellas ropas,
sintiendo mi interior vibrar contento.

Si con sólo tu voz eso has logrado,
¿cómo será cuando te tenga cerca?
Prefiero ni siquiera ni pensarlo,
que puede ser un sueño y no quisiera.





 


Poema anterior  
                                Menú                       Poema siguiente

Hosted by www.Geocities.ws

1