Si un cariño pasó, otro ha venido.
No puede mi alma inquieta estar tranquila.
Tengo sed de querer y ser querido:
Ésa es la constante de mi vida.

Color de caramelo eran sus ojos;
azules son los tuyos, vida mía.
Furtiva y siempre en vilo su mirada;
sinceros y sin mal los tuyos miran.

¡Qué diferencia existe entre una y otra!
¡Cómo brillaba en sus ojos la mentira!
En cambio tú, apacible, das sosiego
al alma que se hallaba enfurecida.

De su cuerpo gocé y fue un tormento;
del tuyo no tendré más que sonrisas.
No trueco, pese a todo, el que me diera
placer por el sosiego que tú inspiras.

Revoltosos los ojos con que observas;
revoltosa tu faz con esa risa
que al Paraíso transporta a quien te escucha...
¡Quién pudiera a tu lado estar y oírla!

¡Qué envidia siento del que cerca
de tus labios está, de aquél que miras!
Pero, ¿ves?, soy feliz al escucharte
y dichoso de que conmigo rías.

¿Tendré que conformarme ya por siempre
con tan sólo tenerte como amiga?
¡Sí! Prefiero una mirada de esas tuyas
a una torpe y banal de sus caricias.

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